La escasez de salidas a Bolsa preocupa a la UE; otra consecuencia más del COVID-19.

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A finales del siglo XX y principios del XXI, tocar la campana era la culminación de muchas carreras empresariales. Con la oferta pública de ventas, se abría una nueva vía definanciación, se ofrecía liquidez a aquellos que quisieran vender y se reforzaba la imagen de marca. Todas estas ventajas siguen estando ahí, pero la Bolsa ha dejado de tener sex appeal para las empresas. 2020 va camino de convertirse en el segundo año consecutivo sin caras nuevas. Las políticas de tipos ultrabajos de los bancos centrales provocan que haya financiación barata y accesible fuera del mercado y, en muchas ocasiones, cuando una compañía empieza a preparar la documentación para la OPV, llega el capital riesgo, hace una gran oferta y se la queda. Se añade por expertos financieros que “Para recuperar su atractivo, las Bolsas tienen que simplificar sus requisitos regulatorios y modificar el modelo de gobernanza de las cotizadas para alinear a los gestores con el consejo de administración y, sobre todo, con sus accionistas”; ”Este es un mecanismo incierto y laborioso, que solo recomendaría a compañías de un valor mínimo de 500 millones o que tengan una historia de crecimiento y rentabilidad muy claras para atraer un interés profundo y real del mercado”

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