El mundo se prepara para una tormenta de insolvencias tras la COVID-19.

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El Barómetro de Prácticas de Pago destaca la importancia de la gestión de riesgos para las empresas , que ajustan sus procesos en un intento por minimizar los riesgos de las deudas incobrables ante la recesión mundial. Las medidas de contención adoptadas en todo el mundo por la COVID-19 han tenido un impacto en las cadenas de suministro y el comercio, tanto nacional como internacional. Los resultados del Barómetro de Prácticas de Pago 2020 sugieren que las demoras en los pagos están siendo financiadas en gran medida por los proveedores, ya que se observa un aumento del uso del crédito comercial en la mayoría de los países de la región junto con una mayor demora en los pagos. Frente a los resultados de 2019, cuatro de los países estudiados registran un incremento medio del 14% en las ventas a crédito junto a un crecimiento del 56% de las facturas impagadas a su vencimiento. En dos países, las ventas a crédito han disminuido, pero las facturas que entran en morosidad han aumentado un 49%. La disminución del uso del crédito podría ser, incluso, la consecuencia del significativo aumento de las facturas atrasadas. Prevemos que las deudas incobrables y las insolvencias crezcan hasta 2021. Los proveedores necesitarán gestionar la reducción de la demanda y las tensiones financieras. Minimizar estos obstáculos con evaluaciones exhaustivas del riesgo crediticio y asegurar una adecuada sostenibilidad financiera será clave para la supervivencia de muchos negocios.

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