El presidente defiende que esta crisis migratoria es más grave que la de 2006 por los efectos de la pandemia y exige al Gobierno central que active ya las derivaciones

“Canarias no puede ser vía de entrada para la inmigración irregular pero tampoco puede ser el muro ni la cárcel de Europa”. Las palabras de l presidente del Gobierno regional Ángel Víctor Torres ayer en el pleno del Parlamento de Canarias tenían claros destinatarios: el Gobierno central y quienes, aun desde su partido (PSOE), se oponen a las derivaciones hacia la Península. Torres insiste en que las Islas no pueden asumir en solitario la gestión de la incesante llegada de migrantes y “si lo que se pretende es que toda la inmigración se quede en Canarias, nos tendrán enfrente”, subrayó.

Espino alentó al presidente a mantener la «firmeza» con la que afronta el problema desde que, afirmó, «no sabemos todavía quién dio la orden» para que un grupo de unos 200 inmigrantes salieran en guaguas del muelle de Arguineguín hacia la capital grancanaria.

El jefe del Ejecutivo sacó pecho por las gestiones que tuvo que hacer para que, al menos, esas personas no durmieran al raso. «Lo dije al ministro Escrivá, no cuando se fue, sino en su presencia -recordó-: «si lo que se pretende es que toda la inmigración se quede en Canarias, el Gobierno de España y la Unión Europea deben saber que tendrán enfrente al Gobierno de Canarias, Parlamento de Canarias a toda la sociedad; somos solidarios pero no podemos hacerlo solos», insistió.

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